Como psicóloga infantil en Santander, a menudo veo cómo la llegada de un segundo hijo supone un cambio importante para toda la familia. Cambian las rutinas, la organización del hogar y, sobre todo, la manera en la que se distribuyen el tiempo y la atención de los adultos.
Para el hermano mayor, esta transformación puede resultar especialmente intensa. Aunque quiera a su hermano pequeño y disfrute de algunos momentos compartidos, también puede experimentar emociones difíciles de expresar: enfado, frustración, tristeza, necesidad de atención o incluso rechazo.
Los celos entre hermanos forman parte, en muchas ocasiones, de la adaptación a esta nueva realidad familiar. No necesariamente indican que exista un problema en la relación entre ellos.De hecho, detrás de determinadas conductas que preocupan a los padres puede haber una pregunta mucho más sencilla y profunda:
«¿Sigo teniendo un lugar importante para ti?»
Cuando el hermano mayor empieza a sentirse desplazado
Hay etapas en las que esta situación puede hacerse especialmente visible. Por ejemplo, cuando el hermano mayor tiene alrededor de 5 o 6 años y el pequeño se encuentra en torno a los 2 o 3 años.
El niño mayor ya tiene una mayor capacidad para comprender lo que ocurre a su alrededor, pero eso no significa que pueda gestionar fácilmente todas las emociones que experimenta.
Al mismo tiempo, el hermano pequeño suele encontrarse en una etapa de gran necesidad de acompañamiento y supervisión. Explora, reclama atención, pone a prueba los límites y todavía depende mucho de los adultos.
Es fácil que el mayor perciba que el pequeño «ocupa demasiado espacio».
Y esto puede expresarse de muchas maneras.A veces aparecen discusiones constantes. Otras veces, una mayor irritabilidad, conductas regresivas, necesidad de llamar la atención o una sensibilidad que antes no estaba tan presente.
También puede ocurrir que el niño diga directamente que no quiere a su hermano o que preferiría que no estuviera en casa.
Estas expresiones pueden resultar dolorosas para los padres, pero no siempre deben interpretarse literalmente. En ocasiones, son la forma que encuentra el niño para comunicar un malestar que todavía no sabe expresar de otra manera.
Los celos no significan falta de amor
Existe una idea muy extendida según la cual los hermanos deberían quererse y llevarse bien de manera natural.
Pero querer a un hermano y sentir celos de él no son experiencias incompatibles.
Un niño puede sentirse orgulloso de su hermano pequeño, querer jugar con él y, al mismo tiempo, enfadarse porque sus padres están atendiendo sus necesidades.
Puede disfrutar de ser el hermano mayor y echar de menos ser el único.
Puede sentirse muy unido a su familia y experimentar, a la vez, miedo a perder parte de la atención que recibía anteriormente.

Las emociones infantiles pueden ser contradictorias.
Comprender esta ambivalencia cambia la manera de interpretar determinadas conductas. En lugar de preguntarnos únicamente «¿por qué se porta así?», podemos empezar a preguntarnos:«¿Qué puede estar expresando con esta conducta?»
Esta mirada no pretende justificar comportamientos inadecuados, sino comprenderlos para poder acompañarlos mejor.
Desde la psicología infantil y la orientación familiar, esta forma de comprender lo que hay detrás de una conducta puede ser especialmente importante. En nuestro despacho de psicología en Santander, acompañamos a familias que buscan entender mejor las necesidades emocionales de sus hijos y encontrar nuevas formas de afrontar las dificultades que pueden surgir durante la crianza.
El papel de los padres ante los celos entre hermanos
Cuando aparecen los celos, es habitual que los padres intenten solucionarlos rápidamente.
Queremos que los hermanos se lleven bien, que el mayor acepte al pequeño y que la convivencia vuelva cuanto antes a la normalidad.
Sin embargo, algunas emociones necesitan tiempo.
El objetivo no debería ser conseguir que el niño deje de sentir celos, sino ayudarle a atravesar esa emoción sin que se deteriore su vínculo con la familia o con su hermano.
Esto implica encontrar un equilibrio entre dos necesidades igualmente importantes: acoger lo que siente y mantener los límites necesarios.
El niño puede estar enfadado. Puede expresar que no le gusta una situación. Puede necesitar más atención.Pero eso no significa que pueda hacer daño, insultar o agredir.
La empatía y los límites no son opciones enfrentadas. Forman parte del mismo proceso educativo.
El hermano mayor también necesita sentirse visto
Cuando hay un niño pequeño en casa, gran parte de la atención de los adultos está necesariamente condicionada por sus necesidades.
Esto puede hacer que el hermano mayor escuche con frecuencia frases como:«Ahora no puedo».«Espera un momento».«Tengo que ayudar a tu hermano».«Tú ya eres mayor».
Una frase aislada no supone un problema. El reto aparece cuando el niño empieza a sentir que ser mayor significa recibir menos atención, tener que esperar siempre o comprenderlo todo.
Por eso, además de atender las necesidades prácticas del día a día, es importante cuidar la sensación de conexión del hermano mayor.No se trata de repartir el tiempo de manera matemática ni de evitar cualquier frustración.Se trata de que el niño pueda seguir percibiendo que tiene un lugar propio dentro de la familia.Y, en ocasiones, pequeños momentos cotidianos de conexión pueden tener más importancia de la que parece.
Evitar las comparaciones entre hermanos
Otro aspecto especialmente relevante es la comparación.
Aunque las comparaciones puedan surgir de manera espontánea, pueden contribuir a que el niño perciba la relación entre hermanos como una competición.
Cada niño tiene su propio temperamento, sus necesidades y su momento evolutivo.
El objetivo no es conseguir que los hermanos sean iguales ni que reaccionen de la misma manera ante las situaciones.Acompañar a cada hijo desde sus propias necesidades permite construir relaciones familiares más seguras y menos competitivas.

¿Y si el hermano mayor parece volver a comportarse como un bebé?
Las llamadas conductas regresivas pueden preocupar mucho a las familias.
Un niño que ya era autónomo puede volver a pedir ayuda para cosas que antes hacía solo. Puede hablar de una manera más infantil, querer dormir acompañado o reclamar cuidados que había dejado atrás.
Estas conductas pueden aparecer en determinados momentos de cambio y no necesariamente significan que exista un problema.
En ocasiones, pueden reflejar una necesidad de recuperar temporalmente una sensación de cuidado y seguridad.
En mi trabajo como psicóloga infantil y desde la orientación familiar en Santander, es algo que encuentro con frecuencia en familias que están atravesando cambios importantes. Por eso, antes de interpretar la conducta como una manipulación o como un intento deliberado de llamar la atención, puede ser interesante preguntarnos qué está ocurriendo alrededor del niño.
La conducta es visible; la necesidad que hay detrás no siempre lo es.
¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?
Los conflictos entre hermanos son habituales y no siempre requieren intervención psicológica. Sin embargo, conviene consultar cuando los celos se mantienen en el tiempo, generan un malestar intenso, aparecen conductas agresivas o afectan a la convivencia, el sueño o el colegio.
También puede ser útil pedir orientación cuando, pese a los esfuerzos de la familia, la situación resulta difícil de manejar.
Cuando los celos entre hermanos generan dudas o preocupación, contar con una mirada profesional puede ayudar a comprender mejor qué está ocurriendo y qué necesita cada miembro de la familia.
Psicóloga para adolescentes en Santander: acompañamiento y talleres
Por todo ello, nuestro despacho de psicología para niños en Santander está a tu disposición si necesitas nuestro acompañamiento.
