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En Marina Maestro Psicología y Formación sabemos que hay familias que desean fortalecer el aprendizaje y la autonomía de sus hijos e hijas. Y una de las primeras ideas que conviene desmontar es que la memoria sea algo fijo e inamovible. La memoria no es una capacidad cerrada con la que se nace y ya queda determinada. Es una función que puede estimularse, desarrollarse y entrenarse cuando entendemos mejor cómo aprende el cerebro.

Muchas familias se preocupan cuando sienten que su hija o hijo olvida con facilidad lo que estudia, necesita que le repitan varias veces las instrucciones o parece no retener información importante del día a día. Enseguida aparecen dudas muy habituales: si tendrá mala memoria, si debería esforzarse más o si existe alguna manera de ayudarle desde casa.

La buena noticia es que, sí, que no siempre hacen falta largas sesiones de estudio, fichas repetitivas o ejercicios complejos. Muchas veces, las mejores oportunidades para entrenar la memoria aparecen en momentos sencillos de la vida cotidiana. Desde el despacho de psicología Marina Maestro observamos cómo pequeños cambios en la rutina pueden tener un gran impacto en el desarrollo de esta capacidad.

Qué es realmente la memoria y por qué a veces parece que falla

Cuando pensamos en memoria solemos imaginar la capacidad de recordar datos o repetir contenidos estudiados. Sin embargo, la memoria es un proceso mucho más amplio. Implica captar información, almacenarla de forma organizada y recuperarla cuando la necesitamos.

Para que esto ocurra, primero tiene que haber atención. Es difícil recordar aquello a lo que apenas hemos prestado atención. Después necesitamos comprender lo que estamos aprendiendo, relacionarlo con conocimientos previos y darle cierto sentido. Finalmente, es necesario volver a traer esa información a la mente varias veces para consolidarla.

Por eso, en muchos niños y niñas el problema no es una mala memoria en sí misma. A menudo lo que encontramos son dificultades de atención, exceso de estímulos, cansancio, ansiedad o ausencia de estrategias eficaces para aprender.

Cómo aprende mejor el cerebro infantil

El cerebro recuerda mejor aquello que comprende, lo que le resulta significativo y lo que se revisa varias veces espaciado en el tiempo. También recuerda mejor lo que genera cierta emoción, curiosidad o participación activa.

Esto explica por qué un niño o una niña puede recordar detalles minuciosos sobre dinosaurios, fútbol o personajes de una serie y, en cambio, olvidar una lista de palabras memorizada de forma mecánica. No es que tenga memoria selectiva por capricho. Es que el cerebro prioriza aquello que conecta con el interés, la emoción y el sentido.

Cuando entendemos esto, cambia la forma de ayudar en casa. No se trata simplemente de repetir más veces, sino de aprender mejor.

Cómo entrenar la memoria en casa de forma natural

Una de las formas más eficaces de fortalecer la memoria consiste en incorporar pequeños hábitos cotidianos que obliguen al cerebro a recordar sin que el niño o la niña lo viva como una obligación pesada.

Por ejemplo, pedirle que recuerde varios encargos antes de salir de casa puede ser una gran oportunidad de entrenamiento. En lugar de darle todo hecho, podemos decirle que piense qué tres cosas necesita llevar al colegio o qué productos necesitamos comprar en el supermercado. Ese pequeño esfuerzo mental activa la memoria de trabajo, una capacidad esencial para el aprendizaje y la autonomía.

También resulta muy útil invitarle a explicar con sus propias palabras lo que ha aprendido durante el día. Cuando un niño cuenta algo, lo ordena mentalmente, selecciona lo importante y consolida mejor la información. Preguntas sencillas como “cuéntame tres cosas interesantes de hoy” o “explícame eso como si yo no lo supiera” pueden tener mucho más valor que repetir una ficha varias veces.

Otra estrategia especialmente potente consiste en relacionar la información con imágenes, historias o asociaciones llamativas. El cerebro recuerda mucho mejor aquello que puede visualizar. Si necesita memorizar varias palabras, inventar una escena divertida o absurda con ellas suele funcionar mejor que repetirlas sin más.

Del mismo modo, conversar sobre experiencias vividas fortalece la memoria autobiográfica. Recordar juntos qué hicisteis el fin de semana, qué ocurrió en un cumpleaños o qué fue lo más divertido de unas vacaciones no solo estimula el recuerdo, sino que también refuerza el lenguaje y el vínculo familiar.

En nuestro despacho de psicología proporcionamos a las familias estrategias personalizadas para integrar estos pequeños entrenamientos en la rutina diaria sin que resulten forzados.

La memoria necesita descanso, no solo esfuerzo

A veces se intenta mejorar la memoria insistiendo más en el estudio, cuando en realidad el problema está en factores básicos que pasan desapercibidos. El sueño es uno de ellos. Mientras dormimos, el cerebro consolida gran parte de lo aprendido durante el día. Un niño o una niña cansado suele concentrarse peor, retener menos y recuperar con más dificultad la información.

También influye mucho el entorno. Estudiar con televisión encendida, notificaciones constantes o demasiados estímulos alrededor dificulta el registro inicial de la información. Y si algo no se registra bien desde el principio, después resulta mucho más difícil recordarlo.

En muchas ocasiones no falta memoria. Falta un contexto adecuado para que la memoria pueda funcionar bien.

Qué suele dificultar el progreso

Con buena intención, algunas ayudas familiares pueden resultar poco eficaces. Repetir constantemente “esfuérzate más”, comparar con hermanos o compañeros, etiquetar al niño como despistado o convertir cada olvido en un motivo de enfado suele afectar más a la autoestima que a la memoria.

Cuando los niños empiezan a verse a sí mismos como alguien que siempre falla o que nunca recuerda nada, es más probable que afronte las tareas con inseguridad y menos motivación.

La memoria suele mejorar mejor desde la práctica breve, la constancia y la confianza que desde la presión.

Cuándo conviene prestar más atención

Si las dificultades para recordar son muy frecuentes y afectan de forma clara al rendimiento escolar, a la autonomía o a la vida diaria, puede ser recomendable valorar qué otros factores están interfiriendo.

En ocasiones detrás de aparentes problemas de memoria encontramos dificultades atencionales, ansiedad, exceso de carga emocional, desorganización o dificultades específicas de aprendizaje.

No siempre se trata de memoria aislada, y comprender el origen marca una gran diferencia en la intervención.

Apoyo académico–emocional en Santander: orientación profesional

Si sientes que tu hijo necesita apoyo para mejorar memoria, atención o estrategias de aprendizaje, en Marina Maestro Psicología y Formación ofrecemos un espacio de orientación familiar y acompañamiento psicológico en Santander adaptado a cada etapa del desarrollo.